TURISMO, NAVIDAD Y BELÉN
Según las cifras de la Organización Mundial de Turismo (OMT), actualmente se mueven en el mundo un promedio de 960 millones de turistas, y proyectadas las mismas al 2,020 serían un millón y medio de estos fantásticos trotamundos que a veces sin saberlo se han convertido en uno de los principales dinamizadores de la economía mundial. Es que el turismo es una actividad transversal (más no un sector) que afecta a gran parte de las actividades económicas, sociales, culturales, políticas entre otras. En esa perspectiva, el turismo en el siglo XXI se torna más dinámico y cambiante que en las décadas anteriores; porque las personas están cambiando y sus tendencias y preferencias de viajes son cada vez más cortas en su definición.
Estamos hablando de un turismo moderno, en donde se han superado parcialmente las barreras idiomáticas y las posibilidades del acceso a la información, la comunicación y la tecnología han crecido sustancialmente. Hoy por ejemplo el turista puede realizar desplazamientos más largos porque tiene la información a la mano y porque la liberación del tráfico aéreo con mejores servicios así lo permite. Se han popularizado también los desplazamientos cortos por el uso masivo de los vehículos privados e interprovinciales, haciendo que el radio de desplazamiento se amplíe significativamente en las vacaciones cortas de fines de semana, como en el caso de los llamados "fines de semana largos". Esta modalidad, si bien es cierto dinamiza la actividad, sin embargo ha generado algunos problemas álgidos en algunas zonas turísticas en donde ha visto rebasada su capacidad de carga, haciendo peligrar la sostenibilidad de la oferta turística.
Estos casos, indudablemente no los observamos en nuestra ciudad ni menos en el país, en donde el turismo se está construyendo de a pocos como una alternativa sostenida de desarrollo; sin embargo, el temor radica en la falta de previsión ante la insuficiente cantidad de productos turísticos debidamente diseñados y promovidos. La saturación de los mismos y la destrucción y/o alteración de los activos culturales y naturales, ya es un problema que lo estamos percibiendo en algunas regiones; esta situación, puede ser contraproducente ante la consideración que estos activos vienen teniendo por parte de los administradores públicos locales, nacionales e internacionales. Esta sensibilidad, expuesta hoy en el mundo, por la recuperación funcional del patrimonio cultural y natural como "insumo" primordial de la oferta turística, cobra relevancia ante la valoración del turismo como un factor de desarrollo en beneficio de las zonas deprimidas de cualquiera de los bloques de países en el mundo (desarrollados, en vías de desarrollo y en los de extrema pobreza).
Lo que sucede hoy con el turista del siglo XXI, es que busca en su desplazamiento dos componentes que le darán sentido a su viaje: autenticidad y originalidad. Y es ahí, donde los activos culturales y naturales cobran una enorme relevancia como la oferta que en el futuro sostendrá la actividad turística. No puede existir hoy en mundo un producto turístico en donde el factor cultural, histórico y/o ambiental deje de ser en tema medular de la oferta. Esta nueva tendencia, ha permitido también que en los turistas crezca la sensibilidad por la protección de los valores culturales y del medio ambiente.
En ese marco, la fiesta navideña es uno de los fenómenos que mueve en el mundo cientos de millones de turistas, desplazándose a destinos de origen o a destinos ofertados por las peculiaridades religiosas que ofrece tan significativo acontecimiento mundial. El nacimiento de Jesús y toda la historia de ternura, amor y paz que en el subyace, es sin duda uno de los fenómenos turísticos más asombrosos del planeta. Belén, es el pequeño pueblo en donde Cristo nació, uno de los más antiguos de Palestina, ubicado a 8 kilómetros al sur de Jerusalén (la Tierra Santa).Su nombre en hebreo "Bet Leehen" significa "casa de pan", y en la Biblia se la reconoce como "Belén de Judá" para diferenciarla de otra localidad homónima de la tribu de Zabulón.
La hoy Basílica de Belén, lugar del pesebre donde nació Jesús, se ha convertido en el lugar preferido de los peregrinos y turistas que arriban a la ciudad. Las estadísticas indican que belén, un pueblo de casi 200 mil habitantes, recibió el año 2008 un promedio de un millón doscientos mil visitantes, haciendo que su economía, hoy por hoy, dependa en un 70% del flujo turístico, generando una reducción del desempleo del 60% al 30% en los últimos cinco años. El problema en Belén es la sobresaturación o sobre carga que recibe, en donde la capacidad hotelera no se abastece, haciendo que muchos visitantes terminen hospedándose en Jerusalén. Ahí indudablemente, debe considerarse mecanismos para descongestionar el destino a través de la diversificación de la oferta, en donde Belén pueda asegurar su sostenibilidad. En este marco, La experiencia vivida en Machu Picchu, obliga a que el estado peruano inicie una tarea de verdadera diversificación de la oferta turística nacional, potenciando aquellos destinos no tradicionales que guardan sorprendentes activos culturales y naturales.
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